El miedo a cambiar también puede alejarnos como esposos.
A Daniela le pareció una buena idea compartir un calendario digital para organizar las citas de sus hijos, las actividades de la casa y, de vez en cuando, reservar un espacio para ellos como matrimonio.
—Así podemos coordinarnos mejor —le dijo a Gonzalo.
Él miró el teléfono y respondió:
—Yo siempre me he organizado de otra manera. No necesito que una aplicación me diga qué tengo que hacer.
Daniela no insistió. Pero no era la primera vez que una propuesta terminaba así. Si ella sugería probar una forma distinta de repartir las tareas, Gonzalo decía que en su casa siempre se habían hecho de otra manera. Si él proponía recuperar alguna costumbre familiar, Daniela sentía que otra vez le pedían adaptarse a algo que nunca había elegido.
Los dos tenían razones. Los dos tenían historia. Y, sin darse cuenta, empezaron a defender sus formas de hacer las cosas como si ceder en una costumbre significara perder una parte de sí mismos.
A veces el cambio parece más grande de lo que es. No siempre se trata de tomar una decisión trascendental. Puede ser aprender a usar una herramienta nueva, escuchar una propuesta, probar otra manera de organizarse o aceptar que una costumbre heredada ya no está ayudando a la familia.
Pero detrás de un “así soy” puede esconderse algo que cuesta decir: “Tengo miedo de no saber hacerlo”, “me preocupa hacer el ridículo” o “no quiero sentir que todo lo que aprendí está mal”.
Y detrás de un “siempre lo hemos hecho así” también puede haber cansancio, inseguridad o temor a perder el control. A veces preferimos quedarnos en lo conocido, aunque ya no nos haga bien, porque al menos sabemos cómo movernos ahí.
Las costumbres familiares pueden darnos raíces y sentido de pertenencia. No tenemos que desecharlas solo porque son antiguas. Pero conviene preguntarnos si todavía nos ayudan a cuidarnos y a acercarnos, o si las usamos para evitar una conversación necesaria.
El problema no era el calendario digital. Tampoco era decidir quién tenía razón sobre la mejor forma de organizarse. El problema empezaba cuando cada propuesta se recibía como una crítica y cada diferencia se convertía en una defensa: “Tú quieres cambiarme”, “tú nunca estás dispuesto a escuchar”.
Así, los esposos dejan de preguntarse qué podría funcionar para los dos y comienzan a protegerse el uno del otro.
Cambiar no significa renunciar a la propia historia ni aceptar todo lo nuevo sin pensar. Significa poder conversar, probar, equivocarse y decidir juntos. Quizá una aplicación les sirva; quizá prefieran una libreta en la cocina. Lo importante es que la elección no nazca del miedo, el reproche o la imposición, sino de la voluntad de construir una forma de vivir que cuide a ambos.
También podemos preguntarnos: ¿qué costumbres de nuestra familia de origen queremos conservar?, ¿cuáles necesitamos revisar?, ¿qué nuevas maneras de compartir podríamos ensayar como pareja y como familia?
No hace falta esperar a que exista una crisis profunda para hacerse estas preguntas. A veces, abrirse a un cambio pequeño puede ayudar a descubrir cuánto tiempo llevan sin escucharse de verdad. Y aprender algo nuevo juntos puede convertirse en una oportunidad para reírse, apoyarse y recordar que siguen siendo compañeros.
Retrouvaille puede ofrecer a los matrimonios herramientas y espacios de diálogo para revisar la manera en que se comunican, expresar lo que necesitan y buscar nuevas formas de encontrarse. No propone una solución mágica ni exige que los esposos abandonen su historia. Es una oportunidad para escucharse y trabajar juntos en la relación.
Porque quizá el primer paso no sea cambiarlo todo. Quizá sea poder decir: “No sé cómo hacerlo, pero quiero intentarlo contigo”.
Si sienten que sus formas de hacer las cosas se han convertido en motivo de distancia, acercarse a Retrouvaille puede ser una manera de comenzar esa conversación. No tienen que esperar a que el conflicto crezca para volver a aprender a caminar juntos.
Historia basada en un testimonio de nuestros matrimonios participantes de CoRe.
Los nombres han sido cambiados para respetar su anonimato.